martes, 5 de mayo de 2026

Autonomía sindical: una línea que no estamos dispuestos a ceder

  Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente Nacional

Confederación General del Trabajo

CGT Colombia

Democrática e Independiente

presidencia@cgtcolombia.com.co


Autonomía sindical: una línea que no estamos dispuestos a ceder


El Primero de Mayo no es una fecha ornamental ni una excusa para la retórica política. Es, en esencia, la expresión histórica de la dignidad del trabajo y de la lucha por la libertad sindical. Reducirlo a un acto de gobierno o a una plataforma de validación ideológica no solo distorsiona su significado, sino que vulnera la esencia misma del movimiento obrero.

A quienes sostienen que el Primero de Mayo no es una conmemoración de los trabajadores sino un acto eminentemente político, y que por tanto la posición de la CGT es equivocada, les respondemos con claridad: el Día Internacional del Trabajo no puede ser convertido en un instrumento de política electoral ni en un acto de gobierno. Su carácter político es innegable, pero en un sentido específico y legítimo: es el espacio donde se visibilizan los problemas del mundo del trabajo y se presentan las propuestas de los trabajadores para el país. Esa dimensión política dignifica la fecha; no la degrada.

Lo que rechazamos de manera categórica es su degradación hacia prácticas politiqueras. No puede ni debe convertirse en una plataforma al servicio de quienes aspiran a cargos de elección popular, ni en un escenario manipulado por gobiernos que lo asumen como trinchera para profundizar divisiones, promover discursos de confrontación institucional o exacerbar los odios de clase. El Primero de Mayo es una conmemoración de los trabajadores, no una trinchera de guerra ideológica.

La Confederación General del Trabajo ha construido, durante más de cinco décadas, una identidad basada en la independencia, la pluralidad y la defensa genuina de los trabajadores. Esa trayectoria no es retórica: es el resultado de decisiones difíciles, incluso incómodas, como la reciente depuración interna que permitió separar a quienes entendían el sindicalismo como un vehículo de interés personal y no como un compromiso colectivo. Lejos de ser una crisis, fue un acto de coherencia institucional.

Hoy enfrentamos un riesgo mayor: la instrumentalización política del sindicalismo. Cuando una organización de trabajadores pierde su autonomía y se convierte en un apéndice del poder, deja de representar a sus bases y comienza a responder a agendas ajenas. Un sindicato que aplaude de manera automática renuncia a su capacidad crítica; y sin crítica, no hay defensa real de derechos.

La CGT ha sido clara en su postura: diálogo sí, subordinación no. Nuestra relación con el espectro político es técnica, no ideológica. Nos reunimos con quienes estén dispuestos a escuchar propuestas sobre empleo, productividad y derechos laborales, sin importar su origen político. Esa es la verdadera pluralidad democrática: la capacidad de interlocutar sin someterse.

En paralelo, hemos asumido una defensa jurídica activa frente a decisiones que buscan modificar las reglas del juego laboral por vías administrativas, desconociendo el debate democrático. La institucionalidad no puede ser reemplazada por decretos, ni los derechos colectivos reinterpretados según la conveniencia del gobierno de turno.

Pero sería un error quedarnos anclados en las lógicas del pasado. El mundo del trabajo ha cambiado profundamente. La automatización, la inteligencia artificial y las nuevas dinámicas productivas están redefiniendo el empleo a una velocidad sin precedentes. En este contexto, el sindicalismo no puede limitarse a la confrontación ideológica: debe evolucionar hacia una visión de sostenibilidad productiva, donde la defensa del trabajador sea compatible con la viabilidad de la empresa.

No hay empleo sin empresa. Y no hay desarrollo sostenible sin relaciones laborales equilibradas. Defender la libre empresa no es una concesión; es una condición necesaria para garantizar oportunidades de trabajo digno.

A esto se suma un factor que no puede ignorarse: la seguridad. En regiones donde la violencia persiste y las garantías son insuficientes, la responsabilidad institucional obliga a priorizar la vida por encima de cualquier simbolismo. La prudencia no es debilidad; es una forma de resistencia inteligente frente a contextos adversos.

La CGT no se define por coyunturas ni por gobiernos. Se define por principios. Nuestra lealtad no está en disputa: es con los trabajadores, con sus familias y con el futuro del país. La autonomía sindical no es negociable porque de ella depende nuestra capacidad de representar, cuestionar y construir.

En tiempos de polarización, mantener la independencia no es una posición cómoda. Es, precisamente, la más necesaria.

Dignidad, autonomía y libertad sindical.

 

Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente Nacional

Confederación General del Trabajo

CGT Colombia

Democrática e Independiente

martes, 28 de abril de 2026

Industria que se apaga, empleo que se desvanece, sindicalismo que se extingue.

 Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente Nacional

Confederación General del Trabajo

CGT Colombia

Democrática e Independiente


presidencia@cgtcolombia.com.co





Industria que se apaga, empleo que se desvanece, sindicalismo que se extingue.

Colombia empieza a vivir un fenómeno preocupante que no admite lecturas complacientes ni reduccionismos ideológicos: el debilitamiento progresivo de su aparato productivo. No se trata de percepciones, sino de señales concretas que se traducen en posibles cierres empresariales, reducción de operaciones y decisiones de traslado hacia otros países con mejores condiciones para producir.

El caso de Goodyear en el Valle del Cauca, es emblemático. Tras una huelga prolongada, la eventual salida de esta planta significaría la pérdida de más de 800 empleos directos y cerca de 4.000 indirectos. No son cifras frías: son familias que dependen de un ingreso digno y estable. Es también el golpe a una cadena productiva que difícilmente se recompone en el corto plazo.

A esto se suma la situación de Hino Motors de Colombia, que ha reducido su producción y evalúa trasladar su operación a Ecuador. Empresas como Trimco y Andina de Tapizados han comenzado a cerrar líneas de producción, anticipando el impacto del debilitamiento del sector automotor. Cada cierre en esta industria no es aislado: arrastra proveedores, logística, servicios y empleo calificado.

En el sector agroindustrial, el cierre del Ingenio María Luisa y el riesgo latente sobre el Ingenio La Cabaña evidencian que la crisis no distingue sectores. La industria azucarera, clave para el suroccidente del país, también enfrenta condiciones adversas que ponen en jaque su sostenibilidad.

Detrás de estos hechos hay elementos estructurales que deben ser analizados con responsabilidad: el costo de producir en Colombia, la poca competividad empresarial, sumada a la incertidumbre regulatoria y gubernamental, los ataques despiadados al sector privado, desincentivan la inversión y fomentan la relocalización empresarial en otros países, con mejores garantías.

A ello se agregan reformas e iniciativas que, aunque buscan proteger derechos laborales, muy válidos, han generado preocupación en el sector productivo por su impacto en la competitividad. Incrementos salariales desproporcionados, más por populismo, que técnicos, y mensajes adversos hacia la empresa privada terminan configurando un entorno de desconfianza. Sin inversión no hay crecimiento, sin crecimiento no hay empleo formal, sin empleo formal, no hay posibilidad de organizar a los trabajadores en sindicatos.

Las cifras laborales ya reflejan esta tensión. Colombia cuenta hoy con aproximadamente 13,5 millones de trabajadores en la informalidad, una cifra que podría escalar a 14,5 millones si no se corrige el rumbo. Esto significa que más del 55% de la población ocupada se encuentra por fuera del sistema de protección social. Al mismo tiempo, el número de trabajadores que devengan salario mínimo tiende a reducirse para el 2027, de 2,4 a 1,4 millones de trabajadores beneficiados, lo que evidencia una contracción del empleo formal.

No podemos normalizar que cerrar empresas sea parte del paisaje económico. Cada empresa que se va representa menos oportunidades, menos desarrollo regional y más desigualdad. Tampoco podemos caer en el falso dilema entre derechos laborales y sostenibilidad empresarial: ambos son indispensables y deben coexistir en equilibrio.

Desde la CGT Colombia, Democrática e Independiente, hacemos un llamado a la sensatez. El país necesita una política laboral y económica que promueva el empleo formal, mejore las condiciones para acceder a los derechos de sindicalización, incentive la producción nacional y genere confianza para invertir. Defender a los  trabajadores,  significa igualmente, fortalecer a las empresas, porque sin empresas, no hay trabajo digno, que pueda ser sostenible.

El reto es claro: construir un entorno donde producir en Colombia vuelva a ser viable y atractivo. De lo contrario, seguiremos viendo cómo se apagan las fábricas mientras crece la informalidad. Y ese, sin duda, es un camino que el país no puede permitirse recorrer.


Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente Nacional

Confederación General del Trabajo

CGT Colombia

Democrática e Independiente



miércoles, 18 de marzo de 2026

Una reforma para unos pocos: el Decreto 0234 Multinivel y la amenaza contra el sindicalismo democrático

 Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente Nacional

Confederación General del Trabajo

CGT Colombia

Democrática e Independiente


presidencia@cgtcolombia.com.co





Una reforma para unos pocos: el Decreto 0234 Multinivel y la amenaza contra el sindicalismo democrático 

El Gobierno Nacional expidió el Decreto 0234 de 2026, un acto que, lejos de fortalecer la democracia sindical, constituye una peligrosa distorsión del modelo de relaciones laborales en Colombia. Después de una revisión técnica y rigurosa del articulado, la CGT Democrática e Independiente concluye que este decreto no solo es inconveniente: es abiertamente regresivo, discriminatorio y contrario a los principios constitucionales de libertad sindical, derecho de asociación y negociación colectiva auténtica. Por estas razones, demandaremos su nulidad ante el Consejo de Estado, en defensa del sindicalismo libre, plural y democrático. Una norma hecha a la medida del “comité de aplausos” El Decreto reorganiza el sistema de negociación colectiva para imponer la negociación multinivel y sectorial obligatoria, bajo el mandato de tener un único pliego, una única mesa y una única comisión negociadora cuando existan varios sindicatos en un sector o rama.

En la práctica, esto constituye un traje a la medida de aquellas organizaciones sindicales que durante años se alinearon incondicionalmente con el Gobierno: el llamado “comité de aplausos”. El decreto es su recompensa. La norma privilegia a los sindicatos mayoritarios y les otorga una posición de hegemonía que distorsiona gravemente la competencia sindical legítima. Una amenaza de monopolio sindical por vía reglamentaria. El decreto establece que las convenciones sectoriales serán obligatorias para todos los empleadores y trabajadores, estén o no afiliados, y que los trabajadores no sindicalizados deberán pagar cuota por beneficio al sindicato firmante.

La ecuación es clara: Piso sectorial obligatorio + cuota por beneficio + representación proporcional por afiliación = monopolio sindical garantizado, unicato ideológico Seguro. Esto permitiría a los sindicatos beneficiados capturar afiliaciones masivas no por liderazgo o resultados, sino por la simple imposición del marco normativo.

Una asfixia económica y política para el resto del sindicalismo que podría limitar los alcances de la negociación de empresa, el Decreto dispone que el techo de cualquier negociación será lo pactado en el nivel superior sectorial. Esto significa que si un sindicato democrático, independiente y activo desea mejorar condiciones en su empresa, ya no podrá hacerlo más allá de lo decidido en una mesa sectorial donde probablemente tendrá una representación mínima.

El riesgo real: la desaparición del sindicalismo plural.  El modelo impuesto por el decreto genera un riesgo sistémico que no puede subestimarse: Destruye en el tiempo y de forma gradual la negociación colectiva de base; reduce la libertad de asociación efectiva y condiciona la representatividad de los sindicatos en las empresas; Debilita estructuralmente a la mayoría del sindicalismo. La consecuencia posible es la eliminación progresiva de los sindicatos independientes.

La CGT Democrática e Independiente no será espectadora. Como Confederación sindical plural, autónoma y democrática, no aceptamos un marco que favorece la hegemonía de unos pocos y la subordinación del resto.

Por ello, Demandaremos la nulidad del decreto ante el Consejo de Estado, Interpondremos queja ante la comisión de aplicación de normas de la OIT, Defenderemos la libertad sindical, Protegeremos la negociación de empresa y Denunciaremos cualquier intento de monopolizar la representación sindical en lo sectorial.






Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente Nacional

Confederación General del Trabajo

CGT Colombia

Democrática e Independiente



domingo, 1 de marzo de 2026

Salario mínimo vital: avanzar sí, pero sin saltos al vacío

Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente Nacional

Confederación General del Trabajo

CGT Colombia

Democrática e Independiente


presidencia@cgtcolombia.com.co



Salario mínimo vital: avanzar sí, pero sin saltos al vacío 

La CGT Democrática e Independiente ha defendido históricamente la idea de un salario mínimo vital, capaz de garantizar una vida digna a los trabajadores y sus familias. Ese objetivo no está en discusión. Lo que sí debemos discutir con rigor, sin populismos y sin cálculos electorales es el camino para llegar a él. Porque las decisiones económicas no se toman con consignas, para llenar los titulares de prensa, sino con responsabilidad.

El incremento del 23,7% decretado por el Gobierno Nacional ha sido presentado como un avance histórico. Sin embargo, cuando un ajuste de esta magnitud se adopta sin una estrategia paralela de control de precios, desindexación, fortalecimiento empresarial, disminución de cargas tributarias, productividad y formalización, termina produciendo efectos contrarios a los que se busca. La realidad es que el salario mínimo no opera en el vacío: es un indexador transversal que impacta alimentos, peajes, transporte, multas, copagos, Vivienda de interés social VIS, independientemente de que los ingresos de la mayoría de colombianos no crezcan al mismo ritmo.

Las consecuencias son evidentes. Para los trabajadores formales, especialmente aquellos vinculados a micro y pequeñas empresas, el aumento abrupto del costo laboral pone en riesgo la estabilidad del empleo: limita nuevas contrataciones, puede incentivar la tercerización y aumenta los niveles de informalidad. Es importante señalar que el incremento del 23,7% solo beneficia a 2,4 millones de trabajadores, muchos de los cuales hoy enfrentan el riesgo real de perder su empleo. Mientras que entre 2024 y 2025 el salario mínimo impactó a 3,6 millones de trabajadores, para 2026 la cobertura cae a 2,4 millones. ¿Dónde quedaron ese millón de trabajadores que ya no aparecen en las estadísticas formales? Muy probablemente migraron a la informalidad, al trabajo por cuenta propia o a pequeños emprendimientos. Si esta tendencia continúa, el salario mínimo de 2027 podría terminar beneficiando apenas a 1,4 millones de trabajadores.

Para los informales: 13,5 millones de colombianos, que no reciben el incremento, la situación es peor: asumen todos los efectos inflacionarios sin ver un peso adicional en sus bolsillos. Para los pensionados, que ajustan por IPC y no por salario mínimo, el golpe al costo de vida reduce su ingreso real. Y para las entidades públicas, el desbalance entre costos indexados y presupuestos congelados reduce la capacidad de mejorar salarios y plantas de empleo, prueba de ello es que los trabajadores del sector publico solo obtuvieron un incremento de salarios de tan solo el 7%, perdiendo en promedio 16 puntos porcentuales en el poder adquisitivo de sus salarios. 

El país necesita un salario mínimo vital, pero no un salto sin paracaídas. Requiere una transición gradual, ordenada y técnica, basada en una fórmula que combine inflación real de los hogares de bajos ingresos, inflación causada e inflación esperada, productividad laboral y desindexación progresiva de precios y tarifas. Esa ruta debe complementarse con alivios a las mipymes, una reducción del impuesto de renta, incentivos a la formalización y un pacto nacional de productividad por sectores. Solo así el aumento salarial se traducirá en bienestar real y sostenible, y no en inflación, desempleo o mayor desigualdad.

Los trabajadores no necesitan anuncios estridentes, sino políticas responsables que les garanticen empleo estable, ingresos crecientes y una economía que realmente les funcione. Las empresas, por su parte, no pueden ser tratadas como un actor secundario: sin su sostenibilidad no hay empleo, y sin empleo no hay salario mínimo vital posible. 

Adicionalmente, los sectores sindicales del país también resultaron perjudicados con el aumento del salario mínimo del 23,7%. Es importante recordar que la gran mayoría de los sindicatos del sector público y privado no alcanzaron este porcentaje en sus negociaciones: la mayoría cerró acuerdos del 7%, algunos pocos en el sector privado llegaron a cifras de dos dígitos, casi todos con incrementos de un digito y solo casos marginales lograron acercarse al 23%. En promedio, esto representa una pérdida de alrededor de 15 puntos porcentuales en su poder adquisitivo.

A esta situación se suma la presión creciente de los afiliados, que ahora exigen iniciar nuevos procesos de negociación colectiva buscando un incremento del 23%, mientras los empresarios ofrecen únicamente el 5,1% correspondiente a la inflación. Se abre así una brecha difícil de cerrar: los sindicatos enfrentan el riesgo de ser vistos como ineficaces si no logran ese incremento, y los empresarios serán señalados como egoístas si no lo conceden. Estos son los efectos del populismo, que prioriza los titulares de prensa por encima de las consecuencias reales para trabajadores formales e informales, empleadores, pensionados y el conjunto de la sociedad. 

Desde la CGT Democrática e Independiente reafirmamos nuestra postura: sí al salario mínimo vital, pero con brújula técnica, gradualidad, responsabilidad fiscal y laboral. Un país no se construye con atajos; se construye con acuerdos, con datos, con rigor y con visión de largo plazo. Esa debe ser la ruta. Y en ella estaremos.



Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente Nacional

Confederación General del Trabajo

CGT Colombia

Democrática e Independiente



viernes, 13 de febrero de 2026

Cuando la solidaridad del pueblo supera las fallas del Estado

  

Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

presidencia@cgtcolombia.com.co







Cuando la solidaridad del pueblo supera las fallas del Estado 

Desde la Presidencia de la CGT Democrática e Independiente hemos recorrido durante décadas el país laboral, social y humano que construyen millones de trabajadores colombianos. Por eso, cuando la tragedia golpea regiones como Urabá, el Bajo Cauca Antioqueño, Córdoba, Chocó, Montería, Cundinamarca y tantas otras, no hablamos desde la distancia: hablamos desde el compromiso histórico con quienes hoy sufren el impacto devastador de las lluvias, las inundaciones y la pérdida de sus medios de vida. Lo que ocurre en estas regiones es más que un fenómeno climático. Es un drama humano. Familias enteras han perdido sus casas, sus cultivos, sus empleos y la tranquilidad cotidiana que todos merecemos. Y frente a ese dolor, lo primero que emerge, como siempre, es la solidaridad del pueblo colombiano. A través de la Corporación Presentes, de la cual la CGT Antioquia es socia fundadora, y del apoyo de organizaciones como la Cruz Roja, hemos convocado a nuestras federaciones, sindicatos y ciudadanía en general a movilizar donaciones y esfuerzos inmediatos para atender a quienes hoy pasan hambre, frío y angustia. 

Pero también debemos decirlo con claridad: la magnitud del desastre no puede entenderse sin reconocer la profunda crisis institucional que ha acompañado la gestión del riesgo en el país. Los recursos destinados para prevenir precisamente estas tragedias debieron proteger vidas y territorios; sin embargo, terminaron desviados o comprometidos por prácticas que desde esta Presidencia consideramos inaceptables y contrarias al interés nacional. No se corrige un error señalando culpables. No se soluciona una emergencia trasladando responsabilidades entre entidades. El país necesita una gestión del riesgo seria, profesional y blindada contra la corrupción, porque de ella depende que futuras tragedias naturales no se transformen en tragedias sociales evitables. 

Mientras tanto, a quienes hoy lo han perdido todo no les interesan los debates técnico-jurídicos, ni las pugnas de poder, ni el ruido político que tanto desgaste causa. Ellos solo quieren recuperar lo esencial: - volver a su hogar, - retornar al trabajo, - garantizar el sustento diario, - enviar a sus hijos al colegio, - reconstruir una vida que les fue interrumpida por la fuerza de la naturaleza y la fragilidad del Estado. Por eso, desde la Presidencia de la CGT hacemos dos llamados: 1. Un llamado firme a la responsabilidad pública. Es urgente depurar, investigar y corregir las fallas estructurales en la gestión del riesgo, para que los recursos destinados a proteger a la población lleguen realmente a quienes los necesitan. El país no puede seguir pagando las consecuencias de la falta de control, vigilancia y planificación. 2. Un llamado profundo a la solidaridad ciudadana. Porque mientras la institucionalidad se repara, la ayuda inmediata depende de nosotros: de los trabajadores, los sindicatos, las organizaciones sociales, los colombianos que siempre han respondido con generosidad cuando el dolor ajeno toca la puerta. 

Hoy, más que nunca, debemos unirnos sin distinción. Debemos estar del lado de quienes pasan “horribles noches”, quienes no tienen tiempo para discusiones políticas porque están intentando salvar lo más importante: su dignidad y su futuro. La CGT reafirma su compromiso con la defensa de los colombianos, especialmente los más vulnerables. Seguiremos denunciando lo que afecta al país, pero también seguiremos actuando, movilizando y convocando a la fraternidad nacional. Porque la solidaridad es un principio que no depende del Estado: depende del corazón. Hoy, Colombia necesita que ese corazón lata más fuerte que nunca. Donemos de corazón. 


Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

presidencia@cgtcolombia.com.co



sábado, 17 de enero de 2026

La salud en crisis: cuando la ideología reemplaza la gestión y se afecta a usuarios y a los trabajadores del sector.

 

Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

presidencia@cgtcolombia.com.co







La salud en crisis: cuando la ideología reemplaza la gestión y se afecta a usuarios y a los trabajadores del sector.

El gobierno nacional no solo ha debilitado gravemente la capacidad operativa del sistema de salud colombiano; también decidió intervenir a las principales EPS sin garantizar soluciones reales, técnicas ni sostenibles. Lejos de corregir los problemas estructurales, estas intervenciones han profundizado el deterioro del sistema y hoy tienen a millones de colombianos pagando las consecuencias.

La situación de la NUEVA EPS es quizás el ejemplo más preocupante. Como la EPS con mayor número de afiliados del país, su intervención debió ser un ejercicio de saneamiento financiero y administrativo riguroso. Sin embargo, lo que hoy se observa es un deterioro acelerado: retrasos sistemáticos en los pagos a la red pública y privada, suspensión de servicios, desabastecimiento de medicamentos y una atención cada vez más precaria para millones de usuarios que ven vulnerado su derecho fundamental a la salud.

Pero si la afectación a los pacientes ya es grave, lo que ocurre con los trabajadores y trabajadoras de la salud resulta inaceptable. En departamentos como Antioquia, Valle del Cauca, Chocó, la Costa Caribe y muchas otras regiones del país, a la gran mayoría de quienes sostienen el sistema —médicos, enfermeras, auxiliares, personal administrativo, comercial y de apoyo— se les adeudan varios meses de salario. En el caso de la Nueva Eps, para seguir con el ejemplo, los trabajadores salen a vacaciones sin plata, regresan a las labores y aun no les cancelan, mientras siguen ingresando personas a altos cargos, con altos salarios, recomendados por los amigotes. Hoy los trabajadores del sistema de salud, laboran sin certezas, sin estabilidad y, en muchos casos, sin ingresos oportunos, mientras continúan atendiendo emergencias y salvando vidas en medio de la precariedad.

Frente a esta realidad, el Ministerio de Salud ha optado por el camino equivocado: el del discurso ideologizado y la retórica política. Se habla de reformas estructurales, de cambios de modelo y de transformaciones profundas, pero no se adoptan medidas concretas que garanticen liquidez inmediata, con una UPC competitiva; respeto por los derechos laborales ni una gestión técnica responsable del sistema. Gobernar la salud pública desde la narrativa y los sesgos ideológicos y no desde la administración eficiente, ha demostrado ser una fórmula peligrosa.

La crisis del sistema de salud no se resuelve debilitando a las EPS sin planes claros, ni trasladando el caos financiero a hospitales, clínicas y trabajadores. Tampoco se soluciona ignorando la angustia de millones de usuarios que hoy enfrentan demoras, negaciones y barreras para acceder a servicios básicos. La salud no puede ser el laboratorio de una disputa ideológica ni el escenario para improvisaciones costosas.

Desde la Confederación General del Trabajo – CGT Colombia, Democrática e independiente, levantamos la voz con responsabilidad y firmeza. El país necesita soluciones ya: recursos reales, pagos oportunos, respeto laboral y una gestión técnica seria que priorice a las personas por encima de los discursos. La salud y sus trabajadores no necesitan más promesas. Necesitan hechos.


Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

presidencia@cgtcolombia.com.co


jueves, 8 de enero de 2026

Colombia necesita menos fanatismo, más responsabilidad y diálogo

 

Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

presidencia@cgtcolombia.com.co









Desde la CGT Colombia celebramos la posibilidad de un encuentro entre los presidentes de Estados Unidos y Colombia. Las relaciones internacionales y el manejo de las diferencias deben darse siempre por la vía diplomática, con responsabilidad y altura de Estado, no a través del discurso del micrófono, las emociones desbordadas de las redes sociales ni el sesgo ideológico con el que, en ocasiones, se convoca a la plaza pública.

La diplomacia existe precisamente para gestionar desacuerdos, construir consensos y proteger los intereses nacionales. Convertir la política exterior en espectáculo, o en tribuna para exacerbar odios ideológicos, no solo debilita al Estado, sino que empobrece el debate democrático.

Los sesgados ideológicos deben aprender a no estigmatizar ni señalar como “fascistas” o “ultraderechistas” a quienes dialogan o se reúnen con sectores que no son de izquierda. El diálogo con quien piensa distinto no es traición, es democracia. El presidente @petrogustavo se reunirá con el presidente de derecha de los Estados Unidos, @realDonaldTrump, y eso está bien cuando se hace por el bien de Colombia. Por esa misma razón, muchos celebraron, se mostraron felices y manifestaron su júbilo en la plaza pública.

Aprendan a no tener sesgos ideológicos y políticos, esta es la puerta de entrada al sectarismo y extremos, cuando estos se convierten en estigmatización política, en señalamiento y, peor aún, en justificación de la eliminación política o física del contradictor, constituyen una profunda equivocación. Esa lógica ha causado demasiado dolor en nuestra historia y atenta directamente contra el valor más esencial de cualquier sociedad democrática: la dignidad humana.

Colombia necesita menos fanatismo y más responsabilidad; menos insultos y más diálogo; menos extremos y más democracia.




Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

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lunes, 29 de diciembre de 2025

Posición de la CGT Democrática e independiente con relación al SMLV2026

 

Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

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Posición de la CGT Democrática e independiente con relación al SMLV2026

La CGT considera que un incremento tan desbordado afectará el costo de vida para los trabajos, pensionados y clase media para el 2026, también perjudica a los 13.5 millones de trabajadores que se encuentran en la informalidad a los pensionados que tendrán un incremento del IPC y a las empresas pequeñas y medianas que por los altos costos podrían despedir trabajadores.


Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

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lunes, 15 de diciembre de 2025

LA ÉTICA SINDICAL Y LA NEGOCIACIÓN DEL SALARIO MÍNIMO LEGAL PARA EL AÑO 2026, FRENTE A LA INSTRUMENTALIZACIÓN POLÍTICA Y LOS POSIBLES CONFLICTOS DE INTERÉS.

 

Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

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LA ÉTICA SINDICAL Y LA NEGOCIACIÓN DEL SALARIO MÍNIMO LEGAL PARA EL AÑO 2026, FRENTE A LA INSTRUMENTALIZACIÓN POLÍTICA Y LOS POSIBLES CONFLICTOS DE INTERÉS.


En Colombia, la mesa de concertación del salario mínimo debería ser un espacio técnico, transparente y orientado al bienestar colectivo. Sin embargo, lo que estamos presenciando en la antesala de la negociación para el año 2026, en las sesiones, en medios de comunicación y en redes sociales, dista mucho de ese ideal. Hoy, algunos dirigentes sindicales han convertido este escenario en una plataforma para sus aspiraciones políticas, sacrificando la credibilidad del movimiento de los trabajadores, para llevarla al altar de la conveniencia personal.

Es el caso del presidente de la CUT Nacional, quien, en una abierta instrumentalización de sus afiliados, pretende conseguir votos para una curul en el Senado. Utilizar el salario mínimo como herramienta de manipulación electoral no solo es antiético, sino que erosiona la confianza de los trabajadores en sus representantes. Una vocería sindical que nadie le otorgó no puede convertirse en un trampolín político, menos aún cuando se recurre al chantaje a los empresarios con el beneplácito del Gobierno Nacional, que parece más un jefe político de los sindicalistas del comité de aplausos, que un garante de equilibrio. El aparato productivo del país, los gremios y los trabajadores no podemos seguir sometidos a la irresponsabilidad de algunos líderes sindicales que los están utilizando para poner en jaque a las empresas y, con ello, al desarrollo de Colombia.

La negociación del salario mínimo exige dirigentes probos, íntegros y, sobre todo, libres de conflictos de interés. No es aceptable que quienes se sientan en la mesa tengan contratos con entidades gubernamentales, o que otros guarden silencio por dadivas. Esta práctica degrada la esencia del sindicalismo y convierte la concertación en una obra teatral de bajo nivel.

Los empresarios que participan en la Comisión Permanente no deberían seguir legitimando un espectáculo que desvirtúa el propósito de la concertación. El salario mínimo no es un botín político; es el sustento de dos millones cuatrocientos ocho mil trabajadores y, por ello, debe ser tratado con la seriedad que merece. Además, once millones de personas ganan menos del salario mínimo, lo que significa que la brecha entre quienes devengan el mínimo legal y los no asalariados que están en la informalidad, cada año se hace más amplia. Son consideraciones técnicas que deben tenerse en cuenta, de acuerdo con las estadísticas recientemente arrojadas por el DANE, lo que hace más rigurosa la negociación del salario mínimo legal. La misma no puede seguir dándose como un espectáculo nefasto alrededor de los egos y los objetivos personales de quienes pretenden obtener una curul en el Senado y quienes tienen intereses burocráticos y económicos con este gobierno.

Por ello, la CGT Democrática e Independiente rechaza de manera categórica estas prácticas que atentan contra la transparencia y la ética sindical. La independencia frente a intereses políticos no es opcional: es la base para garantizar que la voz de los trabajadores sea auténtica, independiente y no un eco de ambiciones personales, instrumentalizando indeseablemente a los trabajadores como bandera política y socavando el interés colectivo que debe ser el verdadero propósito del sindicalismo.




Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

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miércoles, 3 de diciembre de 2025

ROMPER EL CICLO: COLOMBIA NO MERECE REPETIR LA HISTORIA


Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

presidencia@cgtcolombia.com.co





ROMPER EL CICLO: COLOMBIA NO MERECE REPETIR LA HISTORIA


Decir que el país va mal no es una exageración ni una postura política: es una constatación que se siente en las calles, en la economía familiar, en los indicadores sociales y en el ánimo colectivo. Pero reconocerlo no implica, en absoluto, absolver a los gobiernos que nos precedieron. Colombia no llegó hasta aquí por obra de un solo gobierno; llegó por la acumulación de errores, omisiones y promesas incumplidas que atraviesan varias administraciones.

Que este gobierno haya llegado al poder no es una anomalía histórica: es la consecuencia natural de los pobres resultados de quienes gobernaron antes. La pobreza persistente, la inequidad que parece enquistada, la informalidad que ahoga a millones, el desempleo que se niega a ceder y una inversión social insuficiente son problemas que no nacieron ayer. Son deudas estructurales que gobiernos anteriores no atendieron y que el actual tampoco ha logrado corregir, pese a su narrativa de cambio.

En 2026 tendremos una nueva oportunidad de rectificar el rumbo. Sin embargo, quien aspire a gobernar a Colombia debe partir de una verdad incómoda: si este gobierno lo hizo mal, los anteriores tampoco lo hicieron bien. Seguir gobernando con parches, improvisaciones o promesas grandilocuentes no resolverá los desafíos profundos del país. Colombia necesita una visión de largo plazo, decisiones técnicas, sentido de Estado y una reforma estructural que deje de pensar en ciclos electorales y empiece a pensar en generaciones.

El peor error que podemos cometer es repetir el círculo vicioso que se activa cada cuatro años. Saltamos de un extremo al otro, avivamos odios, nos sumergimos en la polarización, caemos en los cantos de sirena del populismo y seguimos eligiendo caudillos que se presentan como salvadores, pero que terminan acumulando una nueva capa de frustración colectiva. Entre promesas de refundación y discursos de redención, se desvanece la Colombia real: la Colombia trabajadora, emprendedora, resiliente y profundamente decente, que siempre termina pagando las consecuencias de los desvaríos políticos.

Si queremos que 2026 sea un nuevo comienzo y no una nueva decepción, debemos exigir más, pensar mejor y votar con la mirada puesta en el futuro, no en la rabia del presente. Colombia no merece otro ciclo fallido. Merece, por fin, un proyecto de país que esté a la altura de su gente.



Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

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Autonomía sindical: una línea que no estamos dispuestos a ceder

    Por: Jorge Iván Díez Vélez Presidente Nacional Confederación General del Trabajo CGT Colombia Democrática e Independiente presidencia@cg...