lunes, 15 de diciembre de 2025

LA ÉTICA SINDICAL Y LA NEGOCIACIÓN DEL SALARIO MÍNIMO LEGAL PARA EL AÑO 2026, FRENTE A LA INSTRUMENTALIZACIÓN POLÍTICA Y LOS POSIBLES CONFLICTOS DE INTERÉS.

 

Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

presidencia@cgtcolombia.com.co




LA ÉTICA SINDICAL Y LA NEGOCIACIÓN DEL SALARIO MÍNIMO LEGAL PARA EL AÑO 2026, FRENTE A LA INSTRUMENTALIZACIÓN POLÍTICA Y LOS POSIBLES CONFLICTOS DE INTERÉS.


En Colombia, la mesa de concertación del salario mínimo debería ser un espacio técnico, transparente y orientado al bienestar colectivo. Sin embargo, lo que estamos presenciando en la antesala de la negociación para el año 2026, en las sesiones, en medios de comunicación y en redes sociales, dista mucho de ese ideal. Hoy, algunos dirigentes sindicales han convertido este escenario en una plataforma para sus aspiraciones políticas, sacrificando la credibilidad del movimiento de los trabajadores, para llevarla al altar de la conveniencia personal.

Es el caso del presidente de la CUT Nacional, quien, en una abierta instrumentalización de sus afiliados, pretende conseguir votos para una curul en el Senado. Utilizar el salario mínimo como herramienta de manipulación electoral no solo es antiético, sino que erosiona la confianza de los trabajadores en sus representantes. Una vocería sindical que nadie le otorgó no puede convertirse en un trampolín político, menos aún cuando se recurre al chantaje a los empresarios con el beneplácito del Gobierno Nacional, que parece más un jefe político de los sindicalistas del comité de aplausos, que un garante de equilibrio. El aparato productivo del país, los gremios y los trabajadores no podemos seguir sometidos a la irresponsabilidad de algunos líderes sindicales que los están utilizando para poner en jaque a las empresas y, con ello, al desarrollo de Colombia.

La negociación del salario mínimo exige dirigentes probos, íntegros y, sobre todo, libres de conflictos de interés. No es aceptable que quienes se sientan en la mesa tengan contratos con entidades gubernamentales, o que otros guarden silencio por dadivas. Esta práctica degrada la esencia del sindicalismo y convierte la concertación en una obra teatral de bajo nivel.

Los empresarios que participan en la Comisión Permanente no deberían seguir legitimando un espectáculo que desvirtúa el propósito de la concertación. El salario mínimo no es un botín político; es el sustento de dos millones cuatrocientos ocho mil trabajadores y, por ello, debe ser tratado con la seriedad que merece. Además, once millones de personas ganan menos del salario mínimo, lo que significa que la brecha entre quienes devengan el mínimo legal y los no asalariados que están en la informalidad, cada año se hace más amplia. Son consideraciones técnicas que deben tenerse en cuenta, de acuerdo con las estadísticas recientemente arrojadas por el DANE, lo que hace más rigurosa la negociación del salario mínimo legal. La misma no puede seguir dándose como un espectáculo nefasto alrededor de los egos y los objetivos personales de quienes pretenden obtener una curul en el Senado y quienes tienen intereses burocráticos y económicos con este gobierno.

Por ello, la CGT Democrática e Independiente rechaza de manera categórica estas prácticas que atentan contra la transparencia y la ética sindical. La independencia frente a intereses políticos no es opcional: es la base para garantizar que la voz de los trabajadores sea auténtica, independiente y no un eco de ambiciones personales, instrumentalizando indeseablemente a los trabajadores como bandera política y socavando el interés colectivo que debe ser el verdadero propósito del sindicalismo.




Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente CGT Independiente y Democrática 

presidencia@cgtcolombia.com.co

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