martes, 5 de mayo de 2026

Autonomía sindical: una línea que no estamos dispuestos a ceder

  Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente Nacional

Confederación General del Trabajo

CGT Colombia

Democrática e Independiente

presidencia@cgtcolombia.com.co


Autonomía sindical: una línea que no estamos dispuestos a ceder


El Primero de Mayo no es una fecha ornamental ni una excusa para la retórica política. Es, en esencia, la expresión histórica de la dignidad del trabajo y de la lucha por la libertad sindical. Reducirlo a un acto de gobierno o a una plataforma de validación ideológica no solo distorsiona su significado, sino que vulnera la esencia misma del movimiento obrero.

A quienes sostienen que el Primero de Mayo no es una conmemoración de los trabajadores sino un acto eminentemente político, y que por tanto la posición de la CGT es equivocada, les respondemos con claridad: el Día Internacional del Trabajo no puede ser convertido en un instrumento de política electoral ni en un acto de gobierno. Su carácter político es innegable, pero en un sentido específico y legítimo: es el espacio donde se visibilizan los problemas del mundo del trabajo y se presentan las propuestas de los trabajadores para el país. Esa dimensión política dignifica la fecha; no la degrada.

Lo que rechazamos de manera categórica es su degradación hacia prácticas politiqueras. No puede ni debe convertirse en una plataforma al servicio de quienes aspiran a cargos de elección popular, ni en un escenario manipulado por gobiernos que lo asumen como trinchera para profundizar divisiones, promover discursos de confrontación institucional o exacerbar los odios de clase. El Primero de Mayo es una conmemoración de los trabajadores, no una trinchera de guerra ideológica.

La Confederación General del Trabajo ha construido, durante más de cinco décadas, una identidad basada en la independencia, la pluralidad y la defensa genuina de los trabajadores. Esa trayectoria no es retórica: es el resultado de decisiones difíciles, incluso incómodas, como la reciente depuración interna que permitió separar a quienes entendían el sindicalismo como un vehículo de interés personal y no como un compromiso colectivo. Lejos de ser una crisis, fue un acto de coherencia institucional.

Hoy enfrentamos un riesgo mayor: la instrumentalización política del sindicalismo. Cuando una organización de trabajadores pierde su autonomía y se convierte en un apéndice del poder, deja de representar a sus bases y comienza a responder a agendas ajenas. Un sindicato que aplaude de manera automática renuncia a su capacidad crítica; y sin crítica, no hay defensa real de derechos.

La CGT ha sido clara en su postura: diálogo sí, subordinación no. Nuestra relación con el espectro político es técnica, no ideológica. Nos reunimos con quienes estén dispuestos a escuchar propuestas sobre empleo, productividad y derechos laborales, sin importar su origen político. Esa es la verdadera pluralidad democrática: la capacidad de interlocutar sin someterse.

En paralelo, hemos asumido una defensa jurídica activa frente a decisiones que buscan modificar las reglas del juego laboral por vías administrativas, desconociendo el debate democrático. La institucionalidad no puede ser reemplazada por decretos, ni los derechos colectivos reinterpretados según la conveniencia del gobierno de turno.

Pero sería un error quedarnos anclados en las lógicas del pasado. El mundo del trabajo ha cambiado profundamente. La automatización, la inteligencia artificial y las nuevas dinámicas productivas están redefiniendo el empleo a una velocidad sin precedentes. En este contexto, el sindicalismo no puede limitarse a la confrontación ideológica: debe evolucionar hacia una visión de sostenibilidad productiva, donde la defensa del trabajador sea compatible con la viabilidad de la empresa.

No hay empleo sin empresa. Y no hay desarrollo sostenible sin relaciones laborales equilibradas. Defender la libre empresa no es una concesión; es una condición necesaria para garantizar oportunidades de trabajo digno.

A esto se suma un factor que no puede ignorarse: la seguridad. En regiones donde la violencia persiste y las garantías son insuficientes, la responsabilidad institucional obliga a priorizar la vida por encima de cualquier simbolismo. La prudencia no es debilidad; es una forma de resistencia inteligente frente a contextos adversos.

La CGT no se define por coyunturas ni por gobiernos. Se define por principios. Nuestra lealtad no está en disputa: es con los trabajadores, con sus familias y con el futuro del país. La autonomía sindical no es negociable porque de ella depende nuestra capacidad de representar, cuestionar y construir.

En tiempos de polarización, mantener la independencia no es una posición cómoda. Es, precisamente, la más necesaria.

Dignidad, autonomía y libertad sindical.

 

Por: Jorge Iván Díez Vélez

Presidente Nacional

Confederación General del Trabajo

CGT Colombia

Democrática e Independiente

Autonomía sindical: una línea que no estamos dispuestos a ceder

    Por: Jorge Iván Díez Vélez Presidente Nacional Confederación General del Trabajo CGT Colombia Democrática e Independiente presidencia@cg...